Interrail 2020

¿Por dónde empiezo?

Hace unos meses, mi chico, Dani, y yo, tuvimos la maravillosa idea de irnos de viaje y recorrer Europa. Creamos un itinerario tan completo que tardamos días en pensar dónde ir y en qué orden. Iba a ser nuestro primer gran viaje juntos y no podíamos estar más ilusionados. Lo teníamos todo pensado: presupuesto, alojamiento, transporte, ciudades, visitas, etc. Aún recuerdo el día en que compramos nuestros pases de Interrail, unos pases para poder viajar dos meses enteros y de manera ilimitada en tren por toda Europa. Ese día, aún no sabíamos que estaba a punto de pasar.


Unos días antes de irnos, tuvimos una charla larga sobre si irnos o quedarnos. La situación en Europa, salvo Italia, todavía estaba muy bien y el día que nos fuimos, el 4 de marzo, sólo había 34 contagios en toda España. Unos pensarán que fue irresponsable, otros creerán que fue atrevido, nosotros sólo pensamos en que queríamos cumplir este sueño. Y después de rectificar unas cuantas veces nuestro itinerario, decidimos irnos directamente a Austria.


Aterrizamos en Viena a medio día, y después de familiarizarnos con nuestros pases llegamos a Bratislava, Eslovaquia, para pasar allí los primeros días.


ESLOVAQUIA

Encontramos un hostal en pleno centro de la ciudad y a muy buen precio, Patio Hostel. Como íbamos a cocinar mucho nosotros mismos, procuramos buscar un sitio con cocina, y ¡qué cocina! La habitación muy decente, pero la compañía un poco extraña. En nuestro cuarto, nos acompañaban un grupo de hombres eslovacos que no hablaban un pizca de inglés, y mucho menos español. Nuestro gran descubrimiento fue el bar del hostal, con una cerveza de bienvenida, y unos camareros mejicanos muy divertidos. La ciudad de Bratislava también nos sorprendió con sus colores y sus calles vacías y muy, muy limpias. En un día, ya nos la habíamos recorrido, por lo tanto recogimos nuestras mochilas, y nos dirigimos a Suiza.


SUIZA

Llegamos a Zúrich por la tarde y nos vino a recoger a la estación principal mi primo Aurèle, que vive allí. Nos alojamos un par de noches en su piso y aprovechamos para poner nuestra primera (y única) lavadora del viaje. Descansamos tan bien la primera noche que al día siguiente nos despertamos pronto para visitar la ciudad. De arriba abajo, pudimos pasear por las calles vacías (era domingo, y en Suiza todo cierra), sentarnos a la orilla del río y comer una deliciosa Bratwurst en el Sternen Grill. Por la tarde, aprovechamos los últimos rayos de sol sentados al lado del río, antes de irnos a comprar nuestra cena: unos espaguetis acompañados de una cata local de cervezas. Al día siguiente, nos fuimos directos a Austria.


AUSTRIA

Y volvimos al principio, Austria. Primero fuimos a visitar Innsbruck, una ciudad preciosa en el tirol austríaco, llena de colores a pesar del día gris que nos hizo. Allí nos alojamos en casa de Caleb, un americano enamorado de la escalada y gran viajero, que trabaja allí como profesor de inglés. Tuvimos la suerte de conocerle a través de la aplicación Couchsurfing, una aplicación para conocer gente en el mundo entero viajando. La primera noche, compartimos unas cervezas y una cena típica de allí. Al día siguiente, nos recorrimos la ciudad rodeada de montañas y llena de tiendas de esquí. A la mañana siguiente, nos pusimos nuestras mochilas y nos dirigimos a Salzburgo, no sin antes pasar rápidamente por Linz y ver su increíble iglesia. En Salzburgo, nos encontramos con la imposibilidad de entrar al castillo, salvo pagando el funicular que nos llevaba hasta arriba (y que costaba unos cuantos euros). Nos quedamos abajo, no sin antes intentar subir andando (el camino estaba en obras y nos pudimos llegar arriba del todo), y visitamos la ciudad. No dormimos en Salzburgo, de hecho, volvimos a Bratislava. ¡Sí, sí! A Bratislava. Viena estando sólo a una hora en tren desde la ciudad eslovaca, preferimos ahorrar un poco más y volver a dormir en nuestro primer hostal, y así volver a ver a nuestros amigos mejicanos, Germán y Marco. Al día siguiente, nos dirigimos a Viena, y ellos nos acompañaron. Nos hizo un día espectacular y tuvimos la suerte de ver la ciudad brillando con la luz del sol. Acabamos nuestra aventura por Austria, tomando unas cervezas en el bar de Bratislava.


HUNGRIA

¡Dirección Budapest! Desde el comienzo del viaje, tenía ganas de visitar la capital húngara, y no me decepcionó. Nada más llegar, dejamos nuestras cosas en un precioso hostal (no os dejéis engañar por su portal y mucho menos por su entrada), Avenue Hostel. Una ubicación perfecta, una cocina equipada, habitaciones tranquilas y ambiente. De hecho, tuvimos la suerte de quedarnos la noche del Goulash, un plato típico de Hungría: comprando una bebida, nos ofrecían una ración. Y debo decir que está, ¡ri-qui-si-mo! El día de la visita, un día muy soleado, fue sin duda uno de los mejores días del viaje. Colores preciosos, calles animadas, edificios y monumentos increíbles...y un manjar de allí, el Langos, en el Street Food Karavan. Fue el último día antes del caos.


ALEMANIA

La última noche en Budapest fue triste, sabíamos que al día siguiente teníamos que irnos al alba a la estación para salir del país, y ni siquiera sabíamos si habían cerrado ya la frontera. Ese día, nos enteramos que teníamos que decir adiós a nuestro viaje, y a todos los países, las ciudades, las personas que íbamos a conocer. La espera en la estación de Budapest fue agobiante, pero finalmente pudimos coger uno de los últimos trenes que salían del país, y así llegar a Alemania lo antes posible. Sabíamos que en Alemania aún no habían cerrado nada y que podríamos visitar el país con más libertad, así que fuimos primero a Múnich, donde nos alojamos un par de noches en el Euro Youth Hotel. Múnich nos gustó, pero no fue nada comparado con otras dos ciudades que descubrimos por la misma zona: Nuremberg y Rothenburg ob der Tauber. Esa última, y creo que de hecho, fue la ciudad que más nos enamoró. Un pueblo medieval con muchísimo encanto y lleno de rincones, murallas y torres. Nuestra aventura en tren casi llega a su fin, pero antes subimos hasta Hamburgo y conocimos la persona que más nos marcó en este viaje, Enrico Datu. Un artista del maquillaje, fotógrafo, Youtuber, influencer, y no sé que otras miles de cosas más sabe hacer. Una persona que nos acogió en su increíble piso de la zona moderna de la ciudad, gracias a la aplicación Couchsurfing, y que nos dio un respiro. Gracias a él, pudimos disfrutar de Hamburgo y de Lübeck, otra ciudad increíblemente bonita y poco conocida (ya que no aparecía en ninguna lista de excursiones desde Hamburgo). Enrico nos recibió como amigos de toda la vida y nos invitó a participar en un vídeo para su canal de Youtube. ¡Nos lo pasamos tan bien! Y gracias a él, nuestra penúltima noche fue de las mejores del viaje.


(Fin de la historia al final del post.)


La última mañana, nos despertamos al alba para irnos a la estación de Hamburgo y coger un último tren dirección Berlín. En este punto, aún no sabíamos qué iba a pasar y dónde íbamos a acabar. Sólo sabíamos que Berlín era la mejor opción. Dudamos mucho, entre coger un vuelo a Londres (nuestro vuelo de vuelta a Madrid era desde allí), o volver a nuestra casa. Y tras pensar mucho, desesperarnos y yo, llorar un poco (bastante), decidimos volver a Madrid, ya que España estaba ya cerrando fronteras y no sabíamos si podíamos volver más adelante.

Nuestra última noche sin duda fue la peor, ya que tuvimos que dormir en el aeropuerto, preocupados por si nos iban a cancelar el vuelo por la mañana (aunque hubiese podido ser peor). Desde ese día, Alemania prohibió a los hoteles, hostales, AirBnb, etc., alojar a turistas.

La suerte nos sonrió ya que nuestro vuelo fue de los pocos que habían mantenido, y después de unas horas de vuelo, un trayecto en Cabify y algunas lágrimas, llegamos a casa.


Aunque no pudimos acabar el viaje, esperamos que en un futuro podamos retomarlo, de la misma forma o de otra, no sabemos, pero sabemos que algún día volveremos a los asientos de los trenes europeos.


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© Lauriane Vega 2020

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